Historias

Estas historias forman parte de mi vida y de mi camino con los animales. Por favor, respeta su autoría y no las reproduzcas sin permiso.

Ellos,  el origen de todo

Prólogo: Tom, el primer recuerdo

Mi historia con los animales empezó cuando era una niña. Un día, mi padre trajo a casa un dálmata adulto llamado Tom. Era un perro bueno, tranquilo, limpio, respetuoso. No hacía nada malo, solo esperaba pacientemente a que lo sacaran.

Tom fue el primer animal que me enseñó algo importante: que los perros sienten, esperan, confían… y que necesitan respeto. Él fue mi primer vínculo real con un animal. Mi primer aprendizaje. Mi primer "antes".

                                                                                                                                                                                               Original de Ana - Causa Ana

Capítulo 1: Tom — El primer golpe que me enseñó a sentir

Tom llegó a mi vida cuando yo tenía diez u once años. Un dálmata adulto, precioso, noble, de esos perros que miran con una mezcla de paciencia y resignación. Mi madre no quería perros, pero mi padre lo trajo igual. Y aunque él no lo buscaba, yo sí: yo me encariñé con Tom desde el primer día.

Era un perro bueno. Muy bueno. No hacía nada malo. No se orinaba en casa, no rompía nada, no molestaba. Si tenía ganas de orinar, se aguantaba. Se aguantaba tanto que a veces se le veía la vejiga llena, como si su propio cuerpo estuviera pidiendo permiso para existir.

Una noche, lo recuerdo como si fuera hoy, dije de sacarlo porque se le notaba que necesitaba salir. Mi madre dijo que no, que mi padre dijo que quería sacarlo él. Pero mi padre llegó tarde, sobre las doce o la una de la madrugada.

Cuando por fin lo sacó, Tom salió disparado hacia una zona de árboles. Era de noche, no se veía nada. Lo llamaron, pero no venía. Yo lo entendí. Tenía tanta orina acumulada que era normal que tardara. Era normal que necesitara un momento para sí mismo. Era normal que no volviera corriendo como un soldado.

Pero cuando volvió… ahí empezó todo.

Mi padre lo cogió de las orejas y lo levantó del suelo. Las cuatro patas suspendidas en el aire. El cuerpo temblando. El silencio de un perro que no entiende por qué lo castigan por ser un perro.

Desde ese día, Tom solo hacía una cosa: sacudirse la cabeza. Una y otra vez. Como si algo dentro de sus orejas se hubiera roto. Como si el dolor no se fuera. Como si intentara recolocar algo que ya no tenía arreglo.

Nunca volvió a levantar las orejas. Nunca.

A los pocos días, mi padre lo dio a alguien. Y yo nunca supe más de él.

Ese fue mi primer aprendizaje real sobre el maltrato. No en un libro. No en un documental. No en una historia ajena.

Fue en mi casa. Delante de mí. Con un perro que yo quería.

Ese día entendí que los animales sienten. Que sufren. Que callan. Que dependen de nosotros. Y que hay personas que no merecen tenerlos.

Ese día también nació algo en mí: una promesa silenciosa, una rabia limpia, una determinación que no se me ha ido nunca.

Desde Tom, cuido y protejo a todos los animales que están conmigo. Y si veo una injusticia, intervengo dentro de lo que puedo y de lo que es seguro. 

Tom fue el principio. El origen. La primera herida. La primera verdad.

Y aunque su historia fue corta en mi vida, su impacto fue eterno.

                                                                                                                                                                 Original de Ana - Causa Ana


Capítulo 2: Yacky, el origen de todo 

Años después, en 1998, llegó Yacky. Fui a una tienda buscando un regalo para mi marido y vi un cocker que parecía un pequeño panda. No pensé en razas ni en líneas. Pensé en él.

Al final, Yacky se quedó conmigo. Y sin saberlo, cambió mi vida entera.

Fue mi compañero, mi sombra, mi alegría diaria. Donde iba yo, iba él. Si salía de casa, venía conmigo. Éramos inseparables.

Yacky es, sin duda, el culpable de lo que soy hoy. El origen de mi forma de cuidar, de mi sensibilidad, de mi manera de entender a los animales.

                                                                                                                                                              Original de Ana - Causa Ana 

Capítulo 3: Cuca, la compañera inesperada 

Después llegó Cuca, una perra preciosa que adopté de un centro de adiestramiento de pastores alemanes. Había pertenecido a una mujer que tuvo que marcharse y no pudo llevársela. La dejaron allí, en un lugar que no era para ella.

Cuando la vi, supe que no podía dejarla allí. Yacky y Cuca se entendieron desde el primer día, como si se hubieran estado esperando. Se hicieron pareja, se acompañaron, se quisieron.

                                                                                                                                                              Original de Ana - Causa Ana


Capítulo 4: Hijos, nietos y bisnietos 

De Yacky y Cuca vinieron sus hijos, sus nietos y sus bisnietos. Una familia que creció y que formó parte de mi vida durante muchos años.

Tuve 26 perros que formaron parte de mi vida, y ninguno de ellos fue dado en adopción ni entregado a ninguna familia. Todos se quedaron conmigo siempre.

Y todos, absolutamente todos, fueron cuidados, respetados y acompañados hasta el final.


                                                                                                                                                                                           Original de Ana - Causa Ana

Capítulo 5: Los últimos años 

Después de aquella etapa, llegó una vida más tranquila. Mis tres gatos: Min, Hulk y Núvol. Y también Pluja, la perra de mi pareja, que llegó a su vida de una forma tan especial como inesperada.

Pluja venía de una historia dura. Había sido maltratada. Tenía miedo de la gente. Vivía escondida debajo de un sofá en la protectora, sin dejar que nadie se acercara.

Hasta que un día, mi pareja —que yo aún no conocía— entró en la oficina. Pluja lo oyó. Salió de debajo del sofá. Se le subió encima. Lo eligió.

Las chicas de la protectora no podían creerlo. Era la primera vez que Pluja se acercaba a alguien. Ni ellas podían tocarla. Pero a él sí.

Y así llegó Pluja a su vida. Y seis años después, también a la mía. Aquí no existe "tuyo" o "mío". Aquí todos los animales están protegidos, cuidados y queridos por igual.

Y están también las cuatro gatas de la colonia que me eligieron sin yo buscarlas. Cuatro miradas que aparecieron un día y que, desde entonces, forman parte de mi rutina y de mi vida.

                                                                                                                                                                                                        Original de Ana - Causa Ana 

Capítulo 6: Min y Siam — La amistad más corta y más grande

Antes de que me operaran de la espalda, trabajaba en una fundación para personas con discapacidad intelectual. Allí había una colonia de gatos, porque la gente tiene la mala costumbre de abandonarlos allí.

Una noche apareció una gata tricolor con dos gatitos pequeños. Una amiga me pidió el transportín para cogerlos y buscarles hogar. Yo, como siempre, dije que sí.

Fuimos un sábado, los cogimos, y ella me dijo si podía quedármelos hasta el lunes. Acepté sin pensarlo.

Eran un macho y una hembra. El macho entró en casa… y nunca volvió a salir. Ese era Min.

La hembrita murió a la semana, estaba enferma. Min se quedó solo, con apenas dos meses.

Un mes después apareció un gato negro precioso, muy cariñoso, al que le daban de comer en uno de los talleres. Lo cogí para buscarle familia, pero cuando llegó a casa no hizo falta adaptación: Min y él se entendieron desde el primer segundo.

A ese negrito le puse nombre: Siam. Era noble, sumiso, dulce, un gato de los que dejan huella.

Murió a los dos años por una obstrucción urinaria. Desde entonces, Min y Hulk comen comida de tracto urinario para prevenir. Y ahora Núvol, que tiene estruvita, está en tratamiento y luego volverá a la misma dieta.

Min es especial, de otra órbita. Y Siam fue su primer compañero, su primer amigo, su primer vínculo.

                                                                                                                                                                Original de Ana - Causa Ana

Capítulo 7: Oslo — El gato que llegó cuando el corazón aún dolía 

Dos meses después de perder a Siam, dije que no quería más animales. Pero la vida tenía otros planes.

Viendo Instagram, una asociación de Girona publicó la foto de un gato blanco con la espalda atigrada. Parecía un cachorro. Les escribí al segundo.

Me fui desde El Vendrell hasta el Empordà para buscarlo. Cuando lo vi, no era un cachorro: era adulto. Pero no me importó. Firmé los papeles y me lo traje.

Le compré juguetes y un tubo para esconderse. Y se metió en el tubo… y no salió. Estaba aterrorizado. Solo comía cuando estaba solo.

Tres semanas así.

Hasta que un día Min se coló en la habitación. Lo eché, pero luego pensé: "¿Qué sentido tiene esta cuarentena si no avanza?"

Dejé entrar a Min. Y ahí empezó la magia.

Min le enseñó a confiar, a salir del tubo, a dejarse tocar. Se hicieron inseparables.

Pero en una revisión me dijeron que tenía insuficiencia renal. Empezó tratamiento, comida especial, analíticas. Mejoraba.

Hasta que ingresé para la operación de la espalda. Debían ser tres días, fueron siete.

Cuando volví, un mes después, Oslo murió. Se intentó todo, incluso hidroterapia. Pero no funcionó.

Oslo era bueno, cariñoso, especial. Y hoy está en un cuadro que hice yo misma, junto a Min, Siam y Núvol.

                                                                                                                                                                                                         Original de Ana - Causa Ana 

Capítulo 8: Los que también son familia, aunque no vivan conmigo 

Mi vida con los animales no se limita a los que han vivido en mi casa. También están los que he amadrinado, los que he acompañado a distancia, los que han formado parte de mi historia sin compartir techo conmigo.

Leggy

Un gato de la misma asociación de Oslo. Le amputaron una pata, pero sigue adelante con una fuerza increíble. Lo tengo amadrinado desde hace tiempo. Me lo traería, pero no quiero alterar la enfermedad de Núvol. A veces querer es saber esperar.

Leblanc

Otro gato que amadriné. Dulce, frágil, especial. Murió meses después. Y aunque no vivió conmigo, su pérdida me dolió como si fuera mío.

Juanito y África

Dos chimpancés de la Fundación Mona. Los tengo amadrinados desde hace tiempo. Siempre quise ir a verlos, pero no pude por dinero. Ahora la fundación se trasladará cerca de Barcelona, y cuando eso pase, pienso ir. Porque ellos también son parte de mi vida. 

                                                                                                                                                                 Original de Ana - Causa Ana

Capítulo 9: Tina — La perra que vivió más allá de lo posible

 Tina llegó a mi vida cuando nadie la esperaba. Una Setter irlandesa de apenas un mes, roja, preciosa, inquieta,cariñosa y un poco loca. Era una perra que llenaba la casa de vida, de energía, de risas… y de algún que otro destrozo.

Pero Tina tenía algo que no tienen todos los perros: un corazón que latía al ritmo de una sola persona: mi marido, que ya no está.

Era su sombra. Su compañera. Su alegría diaria. Su refugio.

Cuando él ingresaba en el hospital, Tina dejaba de comer. No quería pienso, no quería premios, no quería nada. Solo quería a él. La ansiedad la consumía. Me destrozó hasta el sofá, pero no por mala: por miedo, por amor, por dependencia emocional.

Tina era una perra que sentía demasiado.

Y cuando mi marido murió, ella lo supo. Lo supo en la forma en que miraba la puerta. En cómo olía su ropa. En cómo se tumbaba en su sitio. En cómo esperaba algo que ya no iba a volver.

Dicen que un perro grande vive diez u once años. Tina vivió dieciséis.

Dieciséis años de amor, de lealtad, de entrega absoluta. Dieciséis años que no se explican con veterinaria, sino con vínculo.

Murió nueve meses después que él. Como si su corazón hubiera decidido que ya había cumplido su misión. Como si hubiera aguantado lo justo para acompañarme a mí, para no dejarme sola del todo, para cerrar un capítulo que dolía demasiado.

Tina no fue solo una perra. Fue un amor profundo. Fue un duelo compartido. Fue una despedida doble.

                                                                                                                                                                                             Original de Ana - Causa Ana 

Capítulo 10: Willy —  el gordito más fiel que he conocido

Willy era uno de los hijos de Yacky y Cuca. Un cocker precioso, redondito, dulce, de esos que te miran y ya te desmontan el alma. Yo siempre le llamaba mi gordito, porque tenía ese cuerpo compacto y esa ternura que solo tienen los perros que viven felices.

Como todos los de aquella familia, Willy era muy pegado a nosotros: a mi madre, a mí y también a mi marido, que ya no está. Pero con él… era otra cosa.

Willy y él eran inseparables.

Si mi marido se levantaba, Willy se levantaba. Si mi marido iba a andar, Willy iba a andar a su lado, paso por paso, como si fueran uno solo. Si él cambiaba de habitación, Willy iba detrás. Si él se sentaba, Willy se tumbaba a sus pies.

Era un perro que no necesitaba palabras. Solo necesitaba estar cerca.

Y siempre lo digo: todos han sido especiales, todos han sido cariñosos, ninguno ha gruñido jamás a nadie.

Eso sí: si venía gente desconocida, se volvían locos ladrando. Pero no se acercaban. No eran perros de enfrentarse. Eran perros de avisar. De proteger. De marcar distancia sin hacer daño.

No ladraban por ladrar. Siempre había un motivo. Siempre había una emoción detrás.

Willy era así: un perro noble, sensible, leal, de esos que sienten más de lo que muestran.

                                                                                                                                                                    Original de Ana - Causa Ana


Cierre: Lo que soy ahora 

No soy una protectora.
No soy una asociación.
No soy una heroína.

Soy alguien que ha vivido rodeada de animales, que ha aprendido de ellos, que ha crecido con ellos y que ha decidido dedicar su tiempo, su energía y su corazón a cuidarlos.

Mi historia no va de mí.
Va de ellos.

De Tom, Yacky, Cuca y Pluja.
De los hijos, nietos y bisnietos que vinieron de Yacky y Cuca, la primera familia que marcó mi camino.
De Min, Siam, Oslo, Hulk y Núvol, que llegaron después y llenaron mi vida de nuevas historias, retos y amor.

Y también forman parte de mi familia aquellos a quienes acompaño desde otro lugar:
Leggy, que sigue adelante con una fuerza increíble;
Juanito y África, que viven en la Fundación Mona y a quienes espero poder visitar pronto;
y Leblanc, que ya no está, pero permanece en mi recuerdo.

Porque para mí, familia no es solo quien duerme en mi casa, sino también aquellos a quienes cuido, apoyo o llevo en el corazón.

Ellos son el origen.
Ellos son el camino.
Ellos son mi historia.

                                                                                                                                                                Original de Ana - Causa Ana

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